Y ahora ¿qué leo?

Os saludo, gente de Juan, Desde El Redondal. Soy Pilar, autodenominada La Eremita por mi tendencia a rachas de asociabilidad total. Pero se me pasa.

Y tengo un blog de libros, series y pelis, uno de tantos de esos que proliferan como champiñones por estas redes, que últimamente das una patada (o pulsas una tecla), y te sale un blog literario. Ya veis, leemos tres páginas y nos creemos críticos literarios… pero dejadnos tener esa ilusión, que con no leernos basta, incluso bloquearnos si nos pasamos de listos. A veces, hasta recomendamos cositas buenas.

Por alguna razón, mi champiñ… digo blog, llamó la atención de mi paisano accidental (por aquello de que nací en Bilbao, aunque solo pasé tres añitos allí, y viajes esporádicos para ver a la familia). Así es que decidimos hacer un crossover Juan Kliment/Redondal. Si lo hace la tele con sus series, nosotros también, con un par. Después de todo, en la diferencia está el gusto, o algo similar se dice.

Como prometedor autor indie que es, le interesaba conocer en qué se basa un bloguero a la hora de seleccionar los libros que va a leer; y yo toda valiente e inconsciente le contesté que se lo contaba. Lo que ocurre es que pensando y pensando, caí en la cuenta que hay tantos motivos como criadores de champiño… blogueros, y era una osadía hablar por los demás. Con lo que solo puedo exponer en lo que yo me baso.

Podríais llamarlo intuición, simple y llanamente. Pero mi proceso intuitivo tiene muy poca parte de tal ingrediente principal, y mucha de razones “lógicas” Aunque lleva, por supuesto. La química o flechazo intuitivo me lleva a tomar la decisión final. Y este es el proceso:

La portada

Lo primero es, curiosamente, una portada que llame mi atención. A ver, si entro por ejemplo en Amazon, en Kindle Unlimited, en un catálogo online o incluso en una librería, me encuentro con decenas o cientos de libros. Somos seres visuales, así es que indefectiblemente voy a ir a mirar aquello cuyo color o diseño me entre por los ojos. Y es un factor muy subjetivo, puesto que lo que a mí me atrae a otro puede repelerle y conseguir el efecto contrario: que no toque el libro ni con un palo. También hay portadas transgresoras o hechas para llamar la atención ya sea para bien o para mal, pero hacen que te fijes. Obviamente no aplica si ya voy buscando un libro en concreto, y tampoco influye en la decisión final, pero de entrada lo miras. Ya es mucho.

La sinopsis

Lo segundo es la sinopsis. Autor, una vez me has tenido con tu portada, prométeme que me voy a divertir, que me vas a remover hasta los cimientos, me vas a pintar una sonrisa, hacer que me salgan corazoncitos por los ojos al más puro estilo gif, o me vas a llevar de viaje a donde quiero ir aunque aún no lo sepa. Sedúceme. Cuéntame un poco qué me vas a contar, y cuéntamelo bien. De forma clara y bien escrita. Intrígame, déjame con la miel en los labios. Con ganas de saber más. Si lo haces, lo tercero me dará lo mismo, porque voy a leerte escribas el género que escribas.

El género

Lo tercero es el género, por supuesto. Yo, que soy ávida lectora de Fantasía, histórica y, llamémosle “de época”, pues igual victoriana no abarca el periodo al que me refiero al completo (Austen, Brönte…), lógicamente tenderé a esos géneros. Pero si por circunstancias me veo impelida a leer novela negra, romántica o feelgood, no le voy a hacer ascos. De hecho últimamente parezco abocada a leer novela negra quiera o no. Y es un buen ejercicio, pues me saca de mi zona de confort y amplía mis horizontes.

El autor

En cuarto lugar, Autor: te he visto en redes. Me ha gustado cómo escribes, cómo te vendes – sin excesos por favor. Todos sabemos a lo que vas y es normal, pero que se note poquito – Me has parecido educado, amable, nada arrogante, o tienes ese je ne sais quoi que conecta conmigo y hace que me destaques entre muchos. Entonces te voy a buscar. Y si cumples el segundo y tercer punto, te voy a leer. El primero aquí no tiene ninguna importancia.

El feeling

En quinto lugar, Autor, te has interesado por saber qué leo en mi blog, y me has contactado por alguna vía de forma personal. Porque te gusta cómo presento mis recomendaciones y quieres que lo haga con tu obra. Yo te lo agradeceré y tardaré más o menos, pero has llamado mi atención y quiero devolverte la consideración leyéndote. Pero no me pidas de antemano que te reseñe por la cara. Primero, porque yo no reseño, yo recomiendo libros; es algo que debes saber a priori. Y obviamente lo que a mí no me gusta no digo a la gente que lo pruebe, ya puedes llamarte Cervantes y haber escrito el Quijote. La ventaja es que tampoco diré que no lo hagan. Nunca me fuerces, llevo muy mal las imposiciones. Jamás te pediré un libro gratis si yo puedo conseguirlo, ni a ti ni a una Editorial. No tengo ánimo lucrativo alguno más allá de algún programita de afiliados o publicidad que es gratis para todo el mundo con El Redondal, ni en especies. Si puedo ayudarte consiguiendo yo el libro lo voy a hacer. Si no puedo te diré que no puedo, mi economía es precaria, y si tú quieres mandármelo, vale. También puedes esperar a que yo lo consiga cuando pueda, y estaré encantada de hacerlo. Pero no te garantizo recomendarlo si no me gusta o no lo veo listo para ello. Mi libertad es lo primero, y no se compra. Además, si a mí no me gusta, a no ser que sea por cuestiones obvias, es un asunto tan subjetivo que líbreme Dios de señalarlo públicamente. Solo soy una aficionada, y no tengo ni capacidad ni condiciones para emitir juicios.

Bien, después ya viene lo que pasa en el proceso de lectura, lo que me impulsa a seguir, abandonar, y finalmente decidir recomendar o no. Pero esa es otra historia, que si sigo, Juan va a retirarme la palabra por pesada.

No sé si lo he dicho ya, pero por si acaso lo recalco. El proceso de selección es tan personal como champiño… digo blogueros hay, aunque imagino que casi todos coincidimos en algún punto.

Un honor estar aquí, si es que estas parrafadas llegan a ver la luz Klimentera. Hasta la próxima, sea donde sea, pero que la haya.

La Eremita

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