Pero qué le pasa a este país

Hoy tengo un día reflexivo de esos en los que pienso ¿qué le pasa a este país para que las cosas siempre vayan tan mal?

El primer día que salí a la calle tras el confinamiento me sentía como en una de esas películas de armas biológicas, como si no pudiera respirar el aire sin que un monstruo viviente me hiciera explotar como la patata caliente del Gran Prix.

La gente se apartaba de ti y yo me miraba deseando que fuera eso y no que pareciera un maleante o me hubiera dejado la bragueta abierta, por si acaso me atusaba el pelo y me revisaba. Pero duró poco, el tiempo justo en el que nos dieron vacaciones y ya la gente se movía por el país como las aves migratorias. Mientras unos raspaban el chóped de la nevera hasta que los ERTEs, paros y demás prestaciones les dieran para un bocata de lomo, otros, llevaban toda la pandemia trabajando desde casa y cobrando los desplazamientos, esa raza superior política que abunda en este país.

Lo que hicimos…

No teníamos ni un duro, pero cómo corrimos a los bares, que sí, que hay que impulsar al pequeño negocio, pero no íbamos a la mercería de Lurditas no, íbamos a la diversión, al ocio, a la juerga a ver si con cuatro tequilas olvidábamos el tiempo de confinamiento. Y volvió el Caos y mirabas a tus socios europeos, a los franceses, alemanes y a otros países que lo tienen bajo control y piensas ¿qué le pasa a este país?. Somos el país del sol y las buenas playas, todo bicho viviente quiere quedarse aquí todo el año así que no es de extrañar que el Covid haya decidido quedarse con nosotros.

Eso si conseguimos mantenerlo funcionando y el odio no termina haciendo más daño que el propio bicho. Entre unos y otros cualquier día salimos ardiendo todos y no habrá mascarilla que consiga frenar eso.

Soy de los que creen que tiene que quedar gente en este país a los que la única ideología que les importe sea la del bienestar, la del bienestar de sus mayores, sus amigos, sus hijos. Los que quieren un trabajo que les permita vivir tranquilos y disfrutar de la vida. Que bastantes problemas tenemos ya en nuestro día a día para que en vez de ponernos las cosas más fáciles nos lo hagan aún más difícil.

¿Qué podemos hacer nosotros en todo esto?

Así que hoy, que tengo un día de esos en el que me siento como la oveja negra de un rebaño al que no quiero seguir, me ha dado por aquí.

Cansa ver a gente peleando por partidos para los que eres completamente indiferente, cansa el hartazgo de la gente con la situación que estamos viviendo y cómo no hay nada que nos ofrezca consuelo. Como cuando éramos pequeños y nos decían que después de una mala comida de postre había helado. Aquí el helado no llega nunca. ¿Qué queda? Que entre las frutas de unos y los cucuruchos de otros nos hagamos nuestro propio helado porque como esperemos a los de arriba, nunca llegará el postre.

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