La importancia del tiempo

Una personita especial me ha pasado una foto con unas frases sobre la importancia del tiempo y el valor que damos a las cosas, lo que priorizamos y lo que no. Era un texto referido al deporte y al millón de excusas que nos ponemos para no hacerlo. No obstante, me ha servido de inspiración para llevarlo un poquito más allá.

Adrián gozaba de los privilegios de una vida de ensueño, su iphone X, los mejores restaurantes de la ciudad y un coche que hacía las delicias de los apasionados.

Disfrutaba de la vida a su manera, gastando en cada capricho que se le antojara, copas, discotecas caras, relojes de marca, siempre tenía dinero para exprimir la vida a su manera.

Entendía el valor de las cosas basándose en sus prioridades, a lo que en ese momento se le antojara. Y él, tenía muy claro cómo quería gastar el dinero.

No leía, porque quién iba a gastarse 20 euros en un libro si sale la película un año después, tampoco hacía deporte porque apenas sacaba tiempo. Una tarde, durante un atardecer solitario se puso a pensar.

¿En qué estoy invirtiendo? Se contestó a sí mismo que invertía en momentos, pero cuando los pensaba solo recordaba los objetos que le acompañaban. Pensó que la vida era dos días y hacía bien en disfrutarla, pero tampoco terminaba de recordar momentos en los que hubiera sido feliz. Se prometió a sí mismo que era una tontería pensar en esas cosas y que continuaría así.

Con el paso de los años la salud menguó y la vida de excesos pasó factura.

En aquel momento, pensó en su vida, en los momentos que por su falta de tiempo no había disfrutado de la naturaleza, en los que por su falta dinero no había hecho ejercicio, en los que, de nuevo por falta de tiempo, no había abrazado o disfrutado del tiempo con sus amigos. Y no, no era falta de dinero o de tiempo, era falta de interés.

Y por fin se dio cuenta de que un barco no puede flotar si no es en agua, que el valor del reloj no está en su aleación sino en hacer que el tiempo cuente, que mientras revisaba las redes sociales en su iphone lo social estaba justo en frente de sus ojos. Que el vino se bebe como se crea, despacio para entender su historia. Que el coche estaba para acercar distancias y llevar personas pero que al final, la única máquina que importaba era a la que no le había prestado ninguna atención, su cuerpo.

Y entonces, dio igual que se diera cuenta porque nada más contaba.

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