Fracaso: el éxito de los mortales

He tenido más blogs, pero no con mi nombre. Hasta ahora, había una mezcla de vergüenza y miedo a la exposición. ¿Qué ha cambiado?, he aprendido a aceptarme y a descubrir que el fracaso es el éxito de los mortales.

De eso va hoy el artículo, de aceptarnos. No, no soy un escritor de éxito ni te prometo ganar dinero en tu primer post. A pesar de seguir todos los consejos que te ofrecen los falsos dioses de internet, terminé echando la persiana a casi todos los blogs que había tenido, hasta ahora. Tampoco verás reseñas con fotos sacadas de algún banco de imágenes diciendo que mis servicios son maravillosos  y que no podrían vivir sin mí (aunque si me conocieran…quién sabe). Ni te venderé la moto de que soy el mejor en lo que hago (aunque a lo mejor en algo lo sea ;)). No. He fracasado mil veces en el mundo de internet, he explicado y enseñado sobre este mundillo y les ha ido sorprendentemente bien. Cuando se trataba de aplicármelo a mí mismo, la cosa cambiaba.  Así que sí, este es un espacio de un tío que lo intenta, de una persona como tú que fracasa y aun así, lo sigue intentando. Y sobre todo, que no se avergüenza.

¿Fracaso, y qué?

¿Cuál es el miedo de este país a fracasar? Recuerdo una entrevista de trabajo en la que me preguntaron por algunos proyectos que ya estaban cerrados. Se notaba el miedo en sus ojos, la tensión flotaba en el ambiente. Por un lado, porque no sabían muy bien hasta dónde preguntar y por el otro, porque me postulaba para un puesto en el que ya había emprendido. «¡Cuidado! este nos quita clientes y se va». Así que, durante un tiempo, ni pude trabajar para mí, ni me querían para otros.

Fracasar es como cocinar, el plato nunca o rara vez sale perfecto a la primera. A veces puede faltarte la sal, te has podido pasar de cocción o se te ha ido la mano con las especias. No tiramos el plato a la basura, lo intentamos arreglar o, probamos otro día más inspirados.

Montar y desmontar empresas es exactamente igual que cocinar, puede que nos hayan faltado algunos ingredientes en nuestro intento y nos hayamos dado cuenta al momento o, por desgracia, hayamos tenido que cerrar para aprenderlo.

Lo normal, es que cuando algo así te pasa, tiendas a tirar la toalla. Puede que pierdas la paciencia en los proyectos que empiezas en cuanto ves que no te están resultando como esperabas. Has perdido la ilusión.

¿Ilusionadores o desilusionadores?

Te confesaré una cosa, me ha pasado cientos de veces. Iniciar un proyecto y perder la paciencia demasiado pronto al no ver resultados. Desilusionarme una y otra vez. Entender que, de nuevo, me he equivocado con la idea (aunque fuera cojonuda). Analizar las visitas de mis webs y ver que me visitaban menos que a un gimnasio en navidad.

Hay personas en la vida ilusionadoras y desilusionadoras. Se detectan fácil, unos te animan siempre a intentarlo y los otros, sacan mil pegas a todo lo que piensas o propones. Unos te preguntan cómo te va y los otros, esperan a que les cuentes el fracaso. Unos entienden el fracaso como una oportunidad y los otros, como el fin. Lo siento,  desilusionadores del mundo, pero yo no me rindo. Espero que TÚ tampoco. Sigo intentándolo y me encanta rodearme de gente que lo intenta, de fracasados. De gente que no le ha salido bien a la primera. Porque si no has fracasado es porque ni siquiera lo has intentado, y sí, el fracaso es el éxito de los mortales. Hay que hacer equipo. Entusiasmarnos entre nosotros. Animarnos y reconocernos. Alguna vez te has preguntado en cuál de las dos estás tú, ¿eres un ilusionador o un desilusionador? Me encantaría saber quién está al otro lado.

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