El valor de las lágrimas. Relato

Esta semana voy a ir al revés, ya que el jueves por circunstancias me fue imposible escribir, hoy os traigo una reflexión sobre el valor de las lágrimas. ¿Os ha pasado alguna vez que escuchando a alguien os parece que es muy dramática o que llora demasiado?

Paula tenía una flor que cuidaba cada día, estaba pendiente de que no le diera demasiado el sol, la regaba e incluso le hablaba tratando de hacer que creciera.

Había leído por alguna parte que era bueno hablar a las plantas así que por qué no. A pesar de entender que era una planta, trataba de darle todos los mimos y cuidados posibles. En invierno la metía dentro de casa, en primavera, la sacaba a la ventana para que absorbiera cada uno de los rayos de sol.

Con el tiempo la planta fue creciendo, florecía y con ellas, el salón de Paula se inundaba de un rojo escarlata. Aquella planta era especial para ella, no solo porque le había acompañado en diferentes momentos de su vida sino porque había sido un regalo de su pareja. Así que trataba de hacer con su planta lo mismo que por su relación.

Una noche fría de primavera a Paula se le olvidó meter la planta dentro, sus ramas se quemaron con el frío y en días fue perdiendo sus hojas hasta que murió.

El valor de las lágrimas, lloramos por lo que cuidamos.

Paula se disgustó, nadie entendía el dolor que ella sentía, todo el mundo le decía que simplemente era una planta, que no tenía la culpa, pero Paula se sentía responsable, entendía que tenía que cuidarla y no lo había conseguido.

Entonces, un amigo le dijo:

—No entiendo por qué te pones así por una planta. Eres muy dramática y exagerada

La revelación

Paula trató de sorber sus lágrimas y mantener el tipo, al llegar a casa se lo preguntó a su madre:

—Mamá, nadie entiende mi dolor. ¿Soy una exagerada, una dramática, de verdad puedo estar tan mal por una planta?

—Sí, era tu planta.

Paula trató de entenderlo y tal y como le habían dicho repitió.

—Mamá, pero era solo una planta.

—Mueren personas todos los días y ni nos inmutamos. Miramos para otro lado y seguimos con nuestra vida. Y sabes qué, la única diferencia entre esas personas y por las que lloramos es que a esas no las conocemos.

—Pero estás hablando de personas mamá, es diferente.

—Exacto, de personas que mueren todos los días y nadie llora por ellas. Da igual una planta que una persona que un animal lloramos por lo que conocemos, a lo que cuidamos y queremos y lo demás, simplemente ocurre. Así que, ¿quién soy yo para decirte por lo que puedes o no llorar?

Deja un comentario

Esta web utiliza cookies, puedes ver aquí la Política de Cookies