Cómo silenciamos la empatía en nuestro día a día

Hoy quiero hablaros de la empatía con un relato que podría ser el de cualquiera de nosotros, todos hemos mirado alguna vez para otro lado obviando lo que otras personas pueden estar sintiendo o necesitando.

¿Qué es la empatía?

La empatía es parte de la inteligencia emocional y es la capacidad que tenemos de ponernos en los zapatos del otro, es decir, entender la situación y los sentimientos de la otra persona. En estos tiempos de mascarillas y distancia social, la empatía no solo nos aporta beneficios, sino que pensar en los sentimientos o la situación que viven otras personas puede salvar su vida. Suena fuerte y quizás un poco exagerado, pero, cada vez que vamos sin ella o no mantenemos la distancia con una persona de la que no conocemos sus circunstancias, estamos poniéndola en riesgo. Y si eso te da igual, piensa que otras personas pueden hacer lo mismo alrededor de tu familia o seres queridos.

La falta de empatía en nuestro día a día.

Lucas paseaba por la calle en dirección al trabajo, por el camino, una mujer trataba de cruzar agarrada a su bastón, parecía que le costaba bajar el escalón. Lucas se fue acercando y cuando estuvo al lado, la señora le miró fijamente buscando su ayuda. Llegaba tarde y no podía permitirse ayudar así que obvió aquella mirada y continuó su camino.

Un poco más adelante, un matrimonio octogenario, caminaba despacio, agarrados, parecían sujetarse el uno al otro mientras caminaban, Lucas, empezó a ponerse nervioso, tenía una reunión a las nueve y no podía permitirse llegar tarde, si aquello salía bien, había muchas posibilidades de un ascenso. Chistó en señal de reprobación para que le cedieran el paso y ambos, despacio, fueron acercándose a la pared.

Unos pasos más adelante, una niña tropezó y cayó al suelo, su madre parecía estar ocupada con otro de sus hijos, Lucas, pensó que era el día de los torpes y los viejos y a ese paso no iba a llegar nunca a la oficina.

La empatía está también en los pequeños detalles

Casi llegando, en el último paso de cebra vio como un coche blanco se saltaba un stop y otro coche verde le embestía, después de una acalorada discusión el conductor del coche verde se acercó a Lucas, visiblemente afectado le explicó que el coche no era suyo, que él no había tenido la culpa y que necesitaba que firmara como testigo. Lucas le dijo que lo sentía mucho pero que no podía pararse.

Llegó a la oficina, montó en el ascensor y mientras marcaba el número de su planta vio a una joven por el espejo corriendo hacia él con intención de montarse. Aquel ascensor no se caracterizaba por su velocidad. Marcó el número rápidamente y deseó que se cerrara antes de que aquella chica le alcanzara, al fin y al cabo, si se abrían de nuevo las puertas estaba seguro de que entraría más gente e ir parando piso por piso le quitaría unos minutos muy valiosos. Consiguió que la puerta se cerrara no sin antes escuchar un «¡Eh!» con la intención de que abriera.

Subió a su planta y salió del ascensor, al fondo del pasillo, en la sala de reuniones todos estaban entrando, se dirigió hacia ella a paso ligero cuando estaba a punto de llegar, la puerta se cerró.

¿Cómo valoramos la falta de empatía en los demás?

Al entrar, la cara de su jefe enfadado y unas palabras:

—¡Llegas tarde! Ya veo la importancia que le das a la reunión.

—Pero es que…

—Es que nada, has tenido tiempo de llegar a la hora.

Lucas se enfadó y aunque la reunión fue bien no dejaba de pensar en la falta de empatía que tenía su jefe. Él iba perfecto de hora, qué culpa tenía de que un señor le bloqueara el paso, una niña se le cayera delante o un coche le bloqueara el paso de cebra. Todas esas cosas son las que habían hecho que él llegara tarde y ni siquiera le había dejado explicarse.

Al finalizar se acercó a su jefe para explicarle su tardanza.

—La reunión ha ido bien, ¿ves? no me ha dado tiempo a explicarte antes que he llegado tarde porque hoy ha pasado de todo de camino al trabajo. Yo venía perfecto de hora.

—¡No me cuentes tu vida!, todos tenemos problemas. Perfecto no venías porque has llegado tarde.

—Si acababais de cerrar la puerta.

—¿Y?, tú eras el responsable de llevar la reunión lo mínimo es que estés antes.

La revelación

Lucas se enfadó y salió del despacho. No le dejaba explicar cuáles eran sus circunstancias, los porqués de su tardanza. Entonces, se percató de que eso que tanto le había molestado era lo mismo que llevaba haciendo toda la mañana, centrarse en lo que él necesitaba y olvidándose de como se podían estar sintiendo los demás a su paso. Después de todo, parecía que su jefe y él no eran tan distintos.

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